04 agosto 2011

Algunas hojas de la Feria del Libro de Lima

Después de un año y medio, vuelvo a la Tormenta. 
Hoy hablaré de literatura.

"Asuntos amazónicos para el mundo" era la descripción de este blog, que he cambiado a "Asuntos de un amazónico para el mundo". La reingeniería del concepto es simple: antes solo comentaba temas vinculados con la selva peruana, desde hoy hablaré con el corazón amazónico sobre cualquier asunto. Además, al iniciar este blog todavía vivía en Pucallpa, hoy puedo estar en Lima o en cualquier otra parte, a donde me lleve el río...

La semana pasada visité tres veces la 16 Feria del Libro de Lima (que cerró ayer), dos en compañía de Alessandra, quien fue la cliente ideal en algunas librerías: sabía los títulos que quería porque está explorando nuevas narrativas y quería ediciones de lujo, o al menos las de mejor hechura, para adornar su biblioteca.

El martes caí de repente en la Feria, solo, ya que me enteré unas horas antes que era la presentación de Las Tres Mitades de Ino Moxo y Otros Brujos de la Amazonía, de César Calvo, novela  que llevaba treinta años esperando una segunda edición. Era un día especial porque se celebraba también el nacimiento de este maravilloso poeta, que fallecíó en el 2000 dejandonos a los vivos antojos de una vida tan bien vivida. Fue una presentación breve y sincera, con la madre de César de 101 años en primera fila. Gracias a Peisa por la reedición de este libro, tan valioso para el Perú y su Amazonía.

Presentación de Las Tres Mitades de Ino Moxo en la 16 FIL

Me dentendré un par de párrafos en César Calvo porque hace casi diez años conocí su obra gracias al también poeta y excepcional amigo de tertulias Javier Dávila Durand, quien me concedió la dirección de Bubinzana, suplemento cultural de su revista Proceso, justo para lanzar una edición especial dedicada a César. (Lo que representa Bubinzana, mucho más allá de la revista, merece toda una crónica aparte.) Javier fue muy cercano a César, por eso lo menciona con el seudónimo de Don Javier en Las Tres Mitades de Ino Moxo. Javier compartió conmigo fotografías y manuscritos de César mientras me contaba algunas confidencias que no me atreveré a repetir. Años después, Fernando Ribeiro me regalaría un viejo ejemplar de la primera edición de Las Tres Mitades de Ino Moxo con un sticker de la cerveza San Juan pegado en la segunda página. En ese entonces, conseguir un ejemplar era como encontrar una caoba en la selva.

Otro recuerdo relevante es durante la momumental exposición Amazonía al Descubierto, en la Casona de San Marcos (2005), donde Christian Bendayán estuvo a cargo de la curaduría de la alucinante puesta titulada La soga de los muertos, en gran parte inspirada por Las Tres Mitades de Ino Moxo. Durante la visita, que fue guiada por el propio Christian, él me mostró una hermosa pintura de un árbol con frondoso ramaje frente a un Cristo tallado a cuyo autor reconocí inmediatamente, y me señaló un cartel a su lado con una cita recogida del Capítulo 5 de las Tres Mitades de Ino Moxo: "El Cristo de madera abre sus alas sobre la pares, frente al renaco azul que pintó Yando Ríos."  La escultura, se dice en el libro, es de autoría de mi abuelo Agustín Rivas y Christian había reproducido la escena. Por todo lo dicho, estar en la presentación de la segunda edición de la novela más mágica que he leido era una obligación yo diría umbilical.

Aquí les dejo una crónica de Paco Bardales que recomiendo leer hasta el último comentario y un poema cantado por el propio César Calvo conmemorando la muerte de Javier Heraud, con quien compartió el premio "Poeta Joven del Perú" en 1960:



Regresamos a la Feria del Libro y recorreré indistintamente mi segundo y tercer día allí. La mención a Paco Bardales no fue gratuita. Es uno de los promotores culturales de la Amazonía más importantes que tenemos en el Perú, por su versatilidad y sus logros. Siendo muy joven, ha sido director del Instituto Nacional de Cultura en Loreto y es reconocido en la blogósfera por su Diario de IQT. En el stand de la editorial loretana Tierra Nueva pude conseguir su libro de crónicas IQT Remixes, en su estilizada edición que tenía por deuda leer. Vale mencionar que Tierra Nueva tiene poemarios del arriba mencionado Javier Dávila Duurante y que donde ellos también compré el libro de entrevistas de César Hildebrandt, Cambio de Palabras, en su tercera edición corregida. Las entrevistas a Borges, Velasco y Haya de la Torre, además de ser retazos dibujados de Historia pura, hacen que me pregunte a dónde han ido a parar los verdaderos entrevistadores en el Perú.

Quiero dedicar un párrafo corto a la edicion de la novela La Vorágine que encontré en el stand de la Embajada de Colombia gracias a la recomendación del bien mencionado Paco Bardales. El colombiano José Eustasio Rivera publica esta novela en 1924 y 1925 y narra la crueldad de la época del caucho en la selva del río Putumayo. La edición colombiana es un libro de colección del 2007, que ya no pude comprar y espero poder encontrar con 140 soles en el bolsillo.

La Feria del Libro también ofreció algunos espectáculos. El miércoles 27 por ejemplo pudimos disfrutar de una noche de tango en la que se cantó, literalmente, a nuestras fiestas patrias. Ale con su lista rigurosa terminó comprando menos libros que yo. Y terminaré esta crónica enumerando los otros libros que me compré con el afán de iniciar un proceso de encuentro con los clásicos, tema que podría ser motivo del próximo post:
  • Mis ideas y opiniones, Albert Einstein.
  • La riqueza de las naciones, Adam Smith.
  • Arquetipos e inconsciente colectivo, Carl Jung.
  • La Odisea, Homero.
  • El laberinto de la soledad, Octavio Paz.
  • La multitud, la ciudad y el campo en la Historia del Perú, Jorge Basadre.
Por último, también encontré en el stand de la Universidad de Lima el Número 6 de la revista Un Vicio Absurdo en donde publican tres poemas míos por haber obtenido la mención honrosa del concurso de poesía de esta universidad en el año 2010.

10 diciembre 2009

Un año Amazónico

Por Christian Bendayán, pintor amazónico

Acaba un año más para el hombre de la ciudad, largo y corto tiempo a la vez para una vida. El 2009 nos deja la esperanza de que algunas cosas cambiaron en el país, pero también nos deja el recuerdo de un dolor que marcó a la Amazonía toda: el enfrentamiento en Bagua y las muertes que trajo consigo. Un hecho que generó sufrimiento e indignación, pero que también significó un cambio para el hombre y las comunidades amazónicas que alzaron su voz y transformaron la historia, poniendo un alto a la indiferencia y la arrogancia de los poderosos. En el resto del Perú, manifestaciones de solidaridad se levantaron, a pesar del manejo mediático por parte de un gobierno que desconocía su responsabilidad y un presidente que, con lamentables calificativos, aumentaba la discriminación que sufren los hombres y mujeres de la selva.

Como un reflejo de estos eventos políticos, la acción por parte de intelectuales y artistas de distintas disciplinas, fue determinante para generar un mayor conocimiento sobre la selva y sus pobladores. Fueron iniciativas particulares, sin que nada tuvieran que ver las autoridades y gobernantes de turno. Pero esta identificación con los ideales de los pobladores amazónicos y de amor por la selva, esta suma de voces y acciones, hacen que podamos llamar orgullosamente a este año que se va como un año amazónico.

Si enumeramos las manifestaciones artísticas de temática amazónica que se produjeron en el 2009, difícilmente acabaríamos. La selva mostró su calor y color en pinturas, fotografías, películas, obras de teatro, cine, video, cuentos, murales, ropa, comida, libros, música, etc. Grandes iniciativas se convirtieron en grandes proyectos, exposiciones multidisciplinarias, festivales multitudinarios, intervenciones artísticas en las calles, mesas de discusión, publicaciones de todo formato. El arte indígena rompió la barrera de los espacios protegidos, exhibiéndose en galerías comerciales y subastas de arte, dejando atrás la idea de que el arte indígena solo podía ser visto como materia antropológica. Artistas populares de Iquitos, artistas boras, huitotos, shipibos, y de otras naciones amazónicas, exhibieron sus obras en galerías, museos y centros culturales en el Perú y el extranjero. Muchísima gente participó de este movimiento; artistas y gestores culturales de distintas procedencias, son ahora tan amazónicos, y a través de su aporte, la selva encuentra nuevas posibilidades de expresión y expansión.

De pronto, casi al cierre del año, otro evento entristece el panorama con una amarga noticia; partió para otros mundos el pintor qué más ha influido en la producción amazónica: Pablo Amaringo, hombre nacido en el corazón del pueblo y que compartió con su gente y sus alumnos, hasta el final, todo lo que poseía. Nos deja un invaluable legado; una amplia y compleja obra que es un compendio de sabiduría sobre las infinitas realidades de la Amazonía; Amaringo es el punto de partida para un arte que reúne tradición y modernidad en la selva; él es a la pintura, lo que Juaneco y su Combo, a la música. Eternos, únicos,…después de tantos años seguimos vacilando con ayahuasca, como dice mi compadre Ashuco: ¡Wilindoro vive, no se ha muerto mi abuelo!

En el 2009 el Amazonas se desbordó como nunca antes, sus aguas dulces trajeron sabiduría, arte, música, al corazón de los peruanos; ahora sabemos que todos somos amazónicos. Que en los años venideros, suene otra vez el manguaré y que su voz ruja infinitamente en nuestra conciencia.